No tires tus botellas de champú: conviértelas en algo útil con este truco casero inteligente.
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Cada botella de champú está hecha generalmente de polietileno de alta densidad, un plástico resistente, flexible y sorprendentemente duradero. Es el mismo material que se usa en bidones industriales y envases químicos. Y, sin embargo, cuando la botella se vacía, la mayoría de nosotros hace lo mismo: la aplastamos un poco y la tiramos.
A continuación, presentamos el Video publicado por Inventor New. Analizaremos sus puntos principales de manera clara y objetiva.
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A simple vista, parece una adaptación básica. En realidad, es un ejercicio práctico de mecánica de fluidos, ahorro inteligente y mentalidad de taller aplicada al hogar.
Este no es solo un invento casero. Es una forma distinta de pensar.
La idea: simple en apariencia, técnica en esencia
La propuesta es clara:
Tomar la bomba dispensadora de una botella de champú.
Cortar y adaptar su cuerpo.
Prolongarlo con tubos de PVC.
Conectar una manguera que baje hasta un bidón grande de jabón.
Instalarlo fijo en el lavadero.
En esencia, estás creando un dispensador remoto por succión, similar a los que usan restaurantes, hospitales o talleres mecánicos.
Pero aquí viene lo interesante: lo haces reutilizando piezas domésticas.
¿Por qué esta idea es más inteligente de lo que parece?
Muchos hogares compran dispensadores comerciales para lavadero. Son prácticos, sí, pero también:
Son otro producto más que fabricar.
Tienen vida útil limitada.
A menudo no permiten recarga desde bidones grandes sin adaptaciones.
La versión DIY resuelve tres cosas al mismo tiempo:
Reutiliza plástico existente.
Permite usar jabón en bidón (menos envases pequeños).
Reduce la frecuencia de recarga.
Eso no es solo reciclaje creativo. Es optimización de sistema.
Entendiendo la mecánica: no es magia, es vacío
Para que este proyecto funcione correctamente, hay que comprender un principio básico:
La bomba de champú funciona por vacío.
Cuando presionas:
Se genera succión.
El líquido sube por el tubo.
Una válvula interna evita que el jabón regrese.
Se expulsa por la boquilla.
Al extender el sistema con PVC y manguera, estás aumentando:
La distancia de succión.
La resistencia interna.
El riesgo de entrada de aire.
Ahí es donde el bricolaje se convierte en ingeniería casera.
El error que arruina el 80% de estos proyectos
Entrada de aire.
Una mínima fuga en:
Unión PVC–bomba.
Unión manguera–tubo.
Paso por el lavadero.
Y el sistema deja de cebar.
El vacío se rompe.
La solución no es complicada, pero sí precisa:
Sellado hermético.
Diámetros compatibles.
Uniones firmes.
Este es el punto donde se separa el invento funcional del experimento frustrante.
Comparación: sistema comercial vs sistema casero
Aspecto | Comercial | DIY con dispensador |
Costo | Medio–alto | Muy bajo |
Reparabilidad | Limitada | Alta |
Personalización | Baja | Total |
Impacto ambiental | Nuevo producto | Reutilización |
Satisfacción personal | Baja | Alta |
Aquí aparece algo interesante: el valor emocional del bricolaje.
No es solo tener jabón en el lavadero. Es saber que lo resolviste tú.
Contexto más amplio: el consumo invisible del hogar
Un dato curioso: en muchos países, el consumo anual promedio de jabón líquido por hogar supera los 20 litros. Eso implica decenas de envases pequeños descartados cada año.
Si se utiliza bidón grande:
Menos plástico.
Menos compras frecuentes.
Menos transporte.
Este tipo de adaptación doméstica no cambia el mundo, pero sí cambia el patrón individual.
Y los patrones individuales son los que suman.
Ejemplo real: mentalidad de taller aplicada a casa
Imagina esto:
Estás en el lavadero. Te lavas las manos después de trabajar en el coche. El jabón se acaba otra vez. Buscas otro envase pequeño. Lo colocas. Se cae. Se ensucia.
Ahora imagina la versión adaptada:
Dispensador fijo.
Bidón debajo.
Autonomía para semanas.
Es la misma lógica que en un taller mecánico: sistemas eficientes, menos interrupciones.
No es exagerado decir que es aplicar mentalidad profesional al entorno doméstico.
Detalles técnicos que marcan la diferencia
1. Diámetro interno adecuado
No reduzcas el diámetro respecto al tubo original. Si lo haces, aumentas resistencia.
2. Altura del bidón
Lo ideal es que esté al mismo nivel o máximo 40–50 cm más abajo.
Más altura = más esfuerzo de succión.
3. Tipo de jabón
Si es muy espeso:
Diluye ligeramente.
Evita que la bomba trabaje forzada.
4. Considera una válvula check adicional
Mejora el cebado y evita retorno.
Más allá del ahorro: autonomía
Hay algo interesante en este tipo de proyectos: reducen micro-fricciones diarias.
No tienes que:
Comprar jabón constantemente.
Cambiar envases pequeños.
Limpiar derrames frecuentes.
Eso genera una sensación de orden y control.
Y eso vale más que el objeto en sí.
¿Es esto perfecto? No.
También hay límites:
La bomba de champú no está diseñada para uso industrial.
Puede desgastarse antes.
No es ideal para líquidos muy densos.
Requiere mantenimiento ocasional.
Pero ahí está lo valioso: es modificable.
No dependes de un fabricante.
Lo que este proyecto revela sobre nosotros
Vivimos en una época donde la solución estándar es comprar.
Falta jabón → compra otro envase.Necesitas dispensador → compra uno nuevo.
Rara vez pensamos:
¿Puedo adaptar lo que ya tengo?
Este proyecto no es solo bricolaje. Es un pequeño acto de resistencia contra el consumo automático.
Storytelling: una escena cotidiana
Un sábado por la tarde. Herramientas sobre la mesa. Tubo PVC cortado. Cinta teflón. Silicona. La bomba desmontada.
Hay algo casi meditativo en ensamblar piezas.
Instalas el sistema. Lo pruebas. Al principio no succiona. Ajustas una unión. Sellas mejor. Presionas otra vez.
Sale jabón.
En ese momento no solo funcionó un dispensador. Funcionó tu criterio.
Una comparación interesante: bricolaje vs dependencia
El bricolaje no es solo ahorro.
Es autonomía.
Cuando sabes adaptar sistemas básicos:
No dependes totalmente de soluciones prefabricadas.
Puedes modificar.
Puedes mejorar.
Puedes reparar.
Eso cambia la relación con el entorno.
Reflexión final: pequeños sistemas, grandes cambios
Un dispensador adaptado no es una revolución tecnológica. No cambiará la industria. No resolverá la crisis del plástico.
Pero cambia algo más sutil.
Cambia la mentalidad.
Te enseña a mirar un objeto y preguntarte:¿Realmente terminó su vida útil?
Cuando empiezas a hacer esa pregunta con una botella de champú, probablemente empezarás a hacerla con otras cosas.
Y ahí comienza algo más profundo: la transición de consumidor pasivo a creador activo.
Quizá el verdadero valor de este invento no está en el lavadero.
Está en la forma en que te hace pensar.
Y eso, curiosamente, es lo que transforma un simple dispensador en una lección de ingeniería cotidiana.




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